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En Cristo hallaremos la Luz

junio 17, 2021
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“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” (Juan 8:12)

 

Seguir a Cristo es también tomar nuestra cruz

 

¡Cuántas veces nos hemos encontrado en las tinieblas! Quizás a causa del pecado, o quizás a causa de los problemas que aquejan nuestra vida. Sin embargo, en lugar de recurrir a la luz, de buscar la claridad, nos mantuvimos en las tinieblas del espíritu.

Cristo nos invita a su seguimiento. Porque ir tras sus huellas es caminar en la luz. Con su poder, será eliminado el mal de nuestra vida. Pero para ello tenemos que tomar una decisión muy importante que cambiará nuestra existencia para siempre.

Él nos dice que es la luz del mundo. Y su Palabra es la Verdad, por lo que no debemos desconfiar de su promesa. Él vino para traer la luz de Dios a nuestras vidas, y sacarnos del reino de las tinieblas en el que vivíamos a causa del pecado.

Sin embargo, seguirlo es una decisión trascendental que tiene sus consecuencias. Una de ellas es que si seguimos a Jesús, tenemos que estar dispuestos a cargar con nuestra cruz. (Marcos 8:34)

Esto es así porque la vida en esta tierra no es el paraíso. Aquí sufriremos muchas pruebas, donde mostraremos la fe que tenemos en la Palabra de Dios. Continuamente recibiremos tentaciones, y también caeremos a causa de nuestra debilidad. Pero el Señor estará para levantarnos y ayudarnos a llevar nuestra cruz a su lado.

Nuestra cruz son nuestras debilidades, nuestros defectos. Nuestra cruz son las cosas que hacen doler nuestro corazón. También son las culpas que cargamos por haber ofendido a Dios. De todo ello nos librará el Señor si la cargamos con fe y caminamos tras Él. Porque será difícil, pero la carga del Señor es suave y ligera (Mateo 11:28-30)

 

No tengamos más señor que Dios

 

En la promesa de Cristo está que Él nos ayudará a cargar nuestra cruz. Pero siempre parecerá más fácil no hacerlo. El mundo nos ofrece una vida en la que sólo debemos disfrutar de lo que se nos ocurra. Porque todo lo malo está al alcance del que busca lo que ofrece el enemigo.

El problema está en que no podemos vivir sin un señor. Es una mentira creer que no seguimos a nadie más que a nosotros mismos. Si no seguimos a Cristo, estaremos siguiendo al maligno. Y tampoco se puede servir a dos señores al mismo tiempo.

Por eso la determinación de caminar los caminos de Dios debe ser muy firme. Y estar preparados a combatir toda nuestra vida contra los falsos señores que se nos presenten.

La recompensa que recibiremos excederá todo esfuerzo que hayamos hecho. Porque en comparación con lo breve que esta vida, una eternidad junto a Dios puede compararse. Y la promesa de Jesús es que si lo seguimos y lo servimos fielmente, estaremos junto a Él en el cielo (Juan 12:26).

 

Seguirlo es vivir como Él

 

Un discípulo intenta imitar a su maestro. Porque encuentra en él el modelo a seguir. Del mismo modo, y con más razón, si seguimos a Cristo, tenemos que imitarlo.

Tenemos que imitar la forma en que cargó con su cruz. Él lo hizo sabiendo que iba a ser doloroso. Incluso le pidió a su Padre que de ser posible aleje de Él ese cáliz. Pero luego aceptó la voluntad de Dios con firmeza, y dando gracias.

Del mismo modo, al momento de entregar nuestra vida a Dios, deberemos saber que será difícil. Pero la recompensa por nuestro servicio será inmensa. Y aunque no hubiere recompensa, Dios nos dio la vida física y espiritual, por lo que debemos darle gracias entregándosela sin reservas. (Mateo 10:38).

Tenemos que imitar a Jesús también en su Palabra. Él vivió de acuerdo a sus enseñanzas, nosotros debemos vivir de acuerdo a nuestra fe.

De esa manera estaremos viviendo en la luz, porque Cristo es la luz y nosotros los seguimos a Él.

 

Conclusión

 

Cristo es la luz y nosotros queremos salir de las tinieblas. Pero no es algo fácil, sino que para vivir según Jesús tenemos que cargar con nuestra cruz y llevarla tras Él.

Recibiremos una gran recompensa por una breve vida entregada a Dios. Será difícil, porque es más simple entregarse a los placeres que ofrece el mundo. Pero estar junto al Padre eternamente hace que cualquier renuncia sea leve. Lo que nos espera, supera todo entendimiento.